Todo pueblo tiene unos cuantos lugares donde el ruido se apaga: una banca detrás de la biblioteca, un cuarto al fondo de un café, un tramo de río que nadie menciona. Rara vez aparecen en un mapa, y quienes los quieren suelen mantenerlos así.
Esta es una historia sobre tres de ellos, y sobre las personas que los cuidan sin que nadie se lo pida. Empieza, como casi todas las buenas historias, con un pequeño error y una larga caminata a casa.

“Un lugar tranquilo no es un lugar vacío. Es un lugar donde alguien decidió qué no agregar.”
Cuando llegamos al agua, la luz ya se había vuelto ámbar y la plática había bajado el ritmo para acompañarla. Nadie quería ser el primero en irse, y nadie lo dijo.
Texto de ejemplo. Un sitio real cuenta aquí una historia real.


